
La escasez de vivienda se ha convertido en el principal desencadenante de una crisis habitacional que no da tregua. Aunque las grúas aún no dominan el paisaje como en los años de expansión que precedieron al estallido de la burbuja inmobiliaria, el aumento de los flujos migratorios y la consiguiente creación de nuevos hogares siguen tensando un mercado cuyo gran cuello de botella es el encarecimiento de los precios. En sus últimos informes, el Banco de España viene estimando un déficit superior a las 700.000 viviendas, una cifra que, sin embargo, ya empieza a quedarse corta. La institución advirtió recientemente de que ese desfase podría elevarse hasta el millón de viviendas en los próximos dos años si nada cambia. La falta de oferta residencial suficiente para absorber la demanda sigue siendo el principal problema del mercado de la vivienda. Y la situación amenaza con agravarse en los próximos años. Entre 2026 y 2028, el déficit habitacional podría aumentar en unas 300.000 viviendas adicionales sobre las 750.000 que el Banco de España venía estimando, hasta situarse por encima del millón de casas. Esta brecha creciente entre oferta y demanda está dificultando cada vez más el acceso a la vivienda, especialmente entre los jóvenes y los nuevos residentes.
FUENTE: CINCO DÍAS